“EL PUENTE NEGRO”: ROXANA RODRÍGUEZ


El puente negro 

Desde diciembre del 2022 los cerros de Alausí advirtieron que algo grave sucedería, ya que sus cimientos desde la altura empezaron a moverse y desprenderse en aparente o acostumbrado derrumbe. No escucharon el mensaje que ellos daban a viva voz; nadie le dio la debida importancia.

No habían pasado tres meses y la naturaleza empezó a mostrar su incontenible y devastadora presencia en forma de un sorprendente deslizamiento de tierra. Ya el cerro y sus aledaños no podían contener su gran estructura en cuyas faldas se habían erguido muchas viviendas y un Nuevo Alausí, como llamaron a dicha área. Todo aquel alud, cual temible monstruo dormido, despertó con violenta  ansiedad de ser atendido y fue llevándose gran parte del territorio en donde a además de viviendas, existían canchas de fútbol, el coliseo y barrios donde vivían innumerables familias, cuyos miembros -unos dormidos, otros reunidos o fuera de sus casas-, lamentablemente y tras inmenso dolor muchos de ellos desaparecieron y fueron enterrados o arrastrados por las inclementes masas de lodo y tierra, piedras, ramas y las mismas estructuras  de casas y otras construcciones del lugar. Ya era tarde y solo quedaron huellas de profunda tristeza al perder y no encontrar a seres queridos donde no se diferenció clases sociales, vidas humanas ni de animales. Desastre total e inminente y con la sospecha de que se pueda producir un nuevo acontecimiento similar o aún más grande que este último.

Estoy segura que inmediatamente se generará esa solidaridad que desde los mismos alauseños y muchos ecuatorianos y extranjeros -cercanos o lejanos- emprenderán a través de muchas campañas a favor de los damnificados y juntos por ese gran corazón que los caracteriza lograrán apaciguar en parte la afectación psicológica, económica y social de los tristemente afectados. Solo queda intentar, sea con acciones o palabras de aliento, el tener mucha esperanza de que nada más suceda y sea el tiempo el que aporte día a día con nuevas proyecciones de vida para Alausí y sus habitantes.

Cabe rescatar que Alausí es un bello cantón de la provincia del Chimborazo, situado a 97 kilómetros de Riobamba. Es un hermoso valle al pie del cerro Gampala y otros, en lo bajo de su territorio se encuentra el correntoso y ruidoso río Chanchán, el mismo que en época de lluvia se puede llegar a desbordar. Un dato muy curioso es que a Alausí se la considera como la primera población de la Real Audiencia de Quito y fue fundada el 29 de junio de 1534 por Sebastián de Benalcázar.

La belleza de Alausí se ve y se siente por todas partes, historias, leyendas, edificaciones que la caracterizan; entre ellas podemos nombrar a la Nariz del Diablo, la que fue construida por el impulso que dio a esta obra el entonces presidente Eloy Alfaro, como una enorme pared de roca en la cordillera de Los Andes, con forma triangular donde el tren sube y baja en forma perpendicular o en zigzag, queda muy cerca de la ciudad y representa un lugar que motiva la curiosidad de muchos turistas. El ferrocarril llegó un 8 de septiembre de 1902 como una prometedora obra que aportó al desarrollo, tanto urbano como arquitectónico y social de Alausí. También son dignas de admirar las Lagunas de Ozogoche, donde su variada flora entre pajonales y grandes árboles de quishuar, chuquirahuas y otros se mezclan con bellos animales silvestres como el gran cóndor andino, venados, gaviotas, patos, ciervos, ovejas, entre otros que complementan lo maravilloso de este ecosistema con un clima apropiado entre cálido y templado. Son muchos los detalles ornamentales e insignes de este lugar que prácticamente inicia el ascenso a la sierra por esta parte de los caminos que unen a varios cantones de la costa con los de la sierra ecuatoriana. No puedo dejar de mencionar a la enorme escultura del patrono San Pedro de Alausí, ubicada en lo alto de la loma del de Lluglli; desde allí está erguido, vigilante y brindando su protección a propios y foráneos. Quién no recuerda la celebración de las fiestas de Alausí con sus comparsas,  su gastronomía en la que se destacan el hornado y la rica fritada de cerdo, sus juegos pirotécnicos cada año con más y con mejor alegoría, iluminación y colores, los que eran aportes de los priostes a las fiestas que cada noche culminaban con los bailes o verbenas, con la presentación de grandes artistas y orquestas, con los ricos canelazos como bebida oficial y sin olvidar el baile de gala con la presencia de la nueva soberana de la ciudad. Además de tanta belleza natural y arquitectónica, puedo mencionar aún a sus iglesias, barrios y la recordada e improvisada plaza de toros, tradición que reunía cada año tanto a famosos toreros como a toros de las mejores razas y que poco a poco aquella tradición se fue perdiendo.

Finalmente les contaré que dentro del área de riesgo, cercana al lugar central del deslave, se mantiene estable el inolvidable puente negro, con sus doscientos metros de largo y sesenta y cinco metros de altura; es considerado el puente más largo de la línea férrea y tras su construcción existe y se recuerda la hazaña del ferroviario apodado el Cholo Ramos, él siendo fogonero se atrevió con decidida valentía a cruzarlo por primera vez, ya que cuatro maquinistas extranjeros se negaron a hacerlo por miedo y es así que aquellos que recuerdan esta historia la hicieron propia, inclusive muchos lo han cruzado totalmente a pie y otros tantos han hecho de él uno de los lugares favoritos para guardar un recuerdo fotográfico, sin olvidar la complicidad del puente y sus alrededores a los constantes enamorados que secundados en sus juegos amorosos daban rienda suelta a sus muestras y promesas de amor. Solo deseo fervientemente que la naturaleza -una vez que ha protestado enérgicamente ante el ser humano que casi sin sentir ha ido calando poco a poco su armoniosa estructura- pare con toda acción destructiva que lastime o cause daño. El puente negro, vecino, casi muy cerca del lugar de la zona de desastre, estará vigilante y sacando su fuerza cooperativa, siendo el refugio y la muestra palpable de sobrevivencia. Anhelo que todo quede como una historia que, aunque muy triste, todos recordaremos y transmitiremos de generación en generación.

Definitivamente las familias alauseñas no han sido indiferentes ante la tragedia generada por esta catástrofe natural. Jóvenes y adultos unidos y distribuidos -no solo localmente, sino también a nivel nacional e internacional- se organizaron, brindaron y siguen brindando su contingente. Muchas historias se fueron conociendo de cerca, hechos terribles, como por ejemplo: familias casi enteras que se encontraban en sus casas y fueron sorprendidas por la gran masa de tierra que las arrastraron hasta sepultarlas (inclusive a visitantes del exterior que vinieron por pocos días);   María, popular personaje que a pesar de su avanzada edad se dedica a preparar y a vender diariamente la deliciosa espumilla de guayaba recorriendo las calles de la ciudad, perdió su vivienda. Historias también de personas que comentan con fervor religioso que fueron bendecidas y como que presintieron que algo malo sucedería y no regresaron temprano a sus casas. Lo cierto es que han transcurrido casi tres semanas y siguen dándose escenas desgarradoras por el lado de los habitantes y, por otro lado, la espera ante la reacción que decida tomar la naturaleza; pues no debemos olvidar que mucho cuenta cómo se inclinaron en los territorios las obras arquitectónicas que ante los ojos de los seres humanos se las hizo sin considerar consecuencias, que como lo sucedido en Alausí puede ocurrir en tantas regiones del mundo entero. Aviso o no, dolor, tristeza y hasta desesperanza ante la imposibilidad de recobrar lo perdido, pero con la seguridad de que la vida es lo más preciado. Dichosos los que felizmente lograron salvarse. Asimismo, la alegría y tranquilidad de que lugares representativos de la ciudad aún se conserven.

Acertadamente Alausí es considerada como la ciudad de los 5 patrimonios: natural, ferroviario, cultural, arqueológico, arquitectónico e inmaterial religioso. Desde sus primeros habitantes con capacidad guerrera, estoy segura que estas características de amor y defensa a lo suyo hicieron que con el paso del tiempo esto se vaya afianzando en todo su ser. De ahí que hoy por hoy son muchas las familias que aportan a la grandeza del lugar, por su gente impregnada de un corazón noble y que siempre están y estarán unidos por sus profundas raíces que traspasan hasta quienes por circunstancias de la vida han pernoctado en ella o han fortalecido lazos de familia y de amistad.

 

Roxana Rodríguez Carbo

Guayaquil. Tiene tres hijos. Doctora en Sociología. Jubilada.


Roxana Rodríguez Carbo 


Foto: Cortesía de la autora. 

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