El ingenioso don Kijano: Huilo Ruales
El ingenioso don Kijano cuento de Huilo Ruales El viernes 13 de abril, a las seis menos diez minutos de la tarde, el ingeñoso don Kijano, se disponía a bajar del Colón-Camal que a esas horas reventaba de gente. Con su vozarrón, otrora digna de la commedia dell’arte, se abría paso entre la masa de pasajeros, gritando, abrid espacio, bellacos, pelafustanes; a la par que azotaba a diestra y siniestra con su portafolio de profesor antiguo. Nada más le faltaba un par de metros para llegar a la salida trasera, cuando sintió por primera vez en su luenga vida un vuelco, un dardo de hielo, un pasmo de aquellos que paralizan cuerpo y alma, en el Antiguo Testamento: sus ojos, pasmados, como si recibieran un balazo, se estrellaron durante un infinito segundo con el rostro de cuencas vacías de Madame Lamort. Mientras tanto, la multitud, que irrumpió en el bus como ola escupida por un tsunami, lo arrastró hacia el interior...