LUIS COCHA: SEGUNDO PREMIO CONCURSO NACIONAL DE POESÍA DAVID LEDESMA
BALADA MARINA Y OTROS POEMAS
Lesly emergía del mar con una
aureola de plata.
Yo felizmente era de tierra,
dichosamente vivía en un túnel.
Su altura por eso jamás me
alcanzó.
Yo simplemente acechaba
su diadema de diosa fugitiva
mientras peces sedientos
surcaban los aires.
Sin embargo, tortugas y
estrellas me custodiaban.
Cada noche la marea depositaba
en las palmeras
nautas dormidos.
Ella vivía amancebada con la
luna.
Yo me negaba a iluminar con mi
canto
las fétidas plumas de la
noche.
Pero era bella:
tenía un temblor de agua
limpia
y una sombra larga y femenina.
Claro que a veces se elevaba
hacia la Cruz del Sur,
pero volvía siempre cargada de
pleamares
caracoleando musical por los
anchos aires.
En castillos de arena
aguardaba a Lesly,
la niña de delantalitos
blancos.
Lesly era una gaviota;
yo, un cangrejo fugitivo en la
playa.
TU CUERPO
Tu cuerpo,
Dios lo ha creado para mis
manos.
Tú cabes en ellas, amor,
de piel a uñas.
Has sido hecha de la mejor
avena
para mis manos duras.
Tu cuerpo se ha acostumbrado
al territorio azul de mis
manos viajeras,
a su barro quemante.
Ellas derribaron tu vientre
y echaron a volar las palomas
que tenías dormidas sobre tus
pechos.
Es que estás hecha para mí,
a la medida de mis manos...
Tu cintura frágil y delgada
como luna nueva en agonía,
la repetida dureza de tus
rodillas,
tus caderas,
tus miembros continentales,
tus senos bañados en púrpura
bravía...
Todo de ti, amor,
de piel a uñas,
ha sido hecho de la mejor
avena
para mis manos duras.
TRASPIÉ
Una tarde -¡Cualquier tarde!-
en una esquina nos
encontraremos.
Mi corazón se abrirá como una
puerta tímida
y de él emergerán pájaros
que se pudrirán a mitad del
vuelo.
Triste es desandar los caminos
y mirar lejanas
las cosas que creíamos llevar
dentro.
Difícil mirar el horizonte
cuando ya nos ha crecido
hierba en los ojos.
Vislumbraré sin embargo
esa aureola invisible
con la que un día mi corazón
te coronó.
Y querré llamarte.
Pero mi voz
ya no tendrá esa ternura azul
con la que hablan los poetas
enamorados.
Ya me habrá crecido musgo en
la voz.
Y así, alegre o herido,
generoso o vengativo. Es
igual.
Difícil es distinguir entre la
hierba y el olvido.
Ovillaré el camino desandado.
Iré a un sitio donde tus
labios no sonrían,
a saciarme de otros miedos,
a reírme de otras lluvias,
a morirme de otras penas.
Y mi corazón se cerrará como
una puerta tímida,
aunque de los ojos al alma
me caiga un turbulento río.
TREN DE MEDIANOCHE
Para que los gorriones no se
gradúen a media noche
de filósofos, el tren llega a
Yacucalle
con un concierto de descargas
eléctricas.
La vida entonces, con un rumor
de aguas marinas,
continúa en sus ruedas
sonoras:
se oye el canto dulce de sus
ocarinas
y el temblor metálico de sus
castañuelas.
Nadie sabría decir de dónde
sacan los brequeros
esa emoción sensata que llena
de rumores las azoteas.
Es que el tren, a esa hora, es
un festival de cacerolas
desquiciadas, un largo temblor
de ruinas,
un lento silabario de un
lenguaje antiguo y metálico.
¡Cómo expande sus invisibles
ondas!
¡Cómo moja a Yacucalle
con esa agua de vientos,
metales y percusiones!
El galope armonioso de una
manada de vicuñas
no se compara al desliz
circular de sus ruedas sonoras.
Amo su loca manía de iluminar
balcones,
su bramido de venado herido,
su ferruginosa frente que
huele a incienso y a lejanía.
Amo su figura lastimada de
dios fugitivo,
los candiles de sus arqueados
ojos que saben el lenguaje
de la continuidad,
por eso derraman nostálgicas
luces con lentitud
mordisqueante, y liberan a
Yacucalle
de ese constante peligro de
desvanecimiento.
Dicen por allí que el tren
llega a media noche a Yacucalle
para que los gatos huyan por
las azoteas.
Es posible que éstos huyan
ante el temblor guerrero de
sus castañuelas. Pero, no.
El tren no llega a Yacucalle
sino para que ocurra
ese encuentro inusitado de
turistas y brequeros,
de frutepanes y chapiles,
de cigarreros y fakires,
y, sobre todo,
para que los gorriones se
acuerden de cantar
y no se gradúen a media noche
de filósofos.
Luis
Ernesto Cocha Tulcán
(San Lorenzo, provincia de
Esmeraldas, 1965). Residente en Ibarra, Provincia de Imbabura. Profesor de
Lengua y Literatura. Magíster en Educación. Ha obtenido los siguientes premios:
Primer Premio Bienal de Juegos Florales de Ambato. 2006, Poesía; Primer Premio
Bienal de Juegos Florales de Ambato. 2011, Cuento; Mención de Honor IV Bienal
del Cuento Ecuatoriano “Pablo Palacio”. Quito. 1997; Mención de Honor, VIII
Bienal del Cuento Ecuatoriano “Pablo Palacio”. 2005; Mención Única V Bienal de
Poesía “Ciudad de Cuenca”, Fundación Cultural La Palabra. Cuenca.1995.
Foto: Cortesía del autor, 2023.

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